martes, 11 de junio de 2013

Esa devoción enferma a lo que uno no conoce, ese apego a lo que no ves y lo que se extraña sin tenerlo, el desapego inteligente a lo que no hace bien, que estorba tu ritmo y tu camino. Sal, sal de ahí! Brota hirviendo de la tierra, brota la sangre de los poros, la fiebre de las alucinaciones. Es tiempo de cambiar, hermosa serpiente despréndete de tu antigua piel, sal debajo de ese tronco. Es hora de conocer el calor o perecer en el frío que conoce tu sangre. Sal en tus heridas, escuece en silencio el dolor que se ahoga en tu garganta, palabras sin querer pronunciarlas por orgullo. Por no querer que el sonido de esas piedras te hagan aceptar rendirte.