Una rima extraña resuena en mi mente, tiene mucho dolor y verdad con una entonación profunda y deprimente. El ritmo es la de una canción antigua con instrumentos suaves, con voz que declina en graves laargos y concluyentes.
Tengo ya el ritmo en mi cabeza, y espero momentos a solas para darle rienda suelta. Tengo una sinfonía que me pesa con cada palabra que con mi garganta se tropiezan. Tengo la letra, la imaginación y en la realidad me averguenza aceptar su extrañeza. Una chica de pocos años que invoca decadas atrás en estilo musical. Esta vez así sale simplemente la rima, tal y como la vez.
Sigo cantando sola en mi pieza, en un escenario diferente a lo que debería haber para tal sentimiento, que con notas sostenidas en la cuerda floja de mi boca buscan saltar al público que estas cuatro paredes impiden que recoja.
-Siguen sonando continuamente las mismas notas en el piano, al mismo ritmo constante, simples... Tan-tan-tan-tan-tan-tan-tan.. y la bateria: pum-pum-páp. Las trompetas a lo lejos infinitas y dramáticas. Que marcan cada estrofa y le dan nuevamente una oportunidad para seguir demostrándo su marcha en las noches de espera en vela por un pensamiento inminente.
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