Entre ecos en la memoria, encontré la sensación de tu piel rozando el calor de la discordia, latente en cada suspiro, en cada caricia. Vociferando al sentido común por echar de menos las fantasías. Mirando desde el balcón de mis mejillas hacia un precipicio incierto, esperando, no la mejor de las caídas. Sino el mejor de los vuelos hacia el amanecer de tus sonrisas.
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