No tienes nada que no halla conocido
no tengo nada que te haga ser distinto.
No soy tu sueño recurrente
y tu no eres mi pesadilla si en el día no te he visto.
Con primeras imágenes y con segundas intenciones.
Yo me canso, tu te rindes.
Yo me acerco, tu te escondes.
Hablame algo bueno con la mirada,
cántame en la mejilla,
que yo te dedico prosas con la lengua
y te las guardo en las manos,
con los dedos entrelazados
como sello indiscutible
de un miedo que se apaga lento.
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