domingo, 17 de junio de 2012
A veces me conocen
Me pelié entre dos tiempos subterráneos. Me escondí entre dos paredes, un suelo y un cielo planetario. Viví entre los ecos que rebotaban, duros contra el cemento. Me alimente de las exclamaciones temporales, de ese usual descontento. Aprendí a esquivar mis palabras sin necesidad de salir apuñalada. Solté la carcajada en la noche leyendo, solté unas lágrimas divagando en los recuerdos.
Encontré una gota suspendida en el techo, que brillaba como nunca, quién sabe de dónde obtenía su luz en una situación tan poco próspera. Pero ahí estaba, siempre lo estuvo, sino de ninguna manera hubiera visto esos túneles curvos en mis pesadillas, pasos de taciturno, me venían.
Y heme aquí, callada. Esto no sale de mi boca, no. Esto sale con el tono perfecto de voz, pero en el hogar más disfuncional de todos. Aquí solo se entonar frases con las yemas. Pero cada vez que digo algo, lo sé. Se que otro me oirá con otra voz que no conozco, con otro ritmo que no es el de mis latidos. Con otro sentido, ese que se invoca cuando las letra calzan contigo. Calzan con tu pecho y juegan en tu ombligo.
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