jueves, 24 de mayo de 2012

Si no entiendes el ruido, pues aclama silencio en tus labios. Si no sabes acariciar, quédate con tus poros mal educados. Si no sabes besar, declaro en tus labios partidos, una lengua con miedo, con júbilo en la saliva, vertiéndose en disimulo. Declaro en tus ojos un nuevo amanecer convocado en una noche de olvido. Pensándome como mera fantasía, como un maldito sueño del que sólo tienes el suspiro sostenido, cuando te corta la inspiración confundido. Sabes que existo, aun sabes que vivo. Sabes mis sabores, mis costumbres y una pizca de indulgencia. Por mi, el frasco entero. Pensé pisarte los pasos secos en la madera adolorida del tiempo. Pensé contener los surcos de tus brazos en el frío. Como gato en la oscuridad, reflectando dos faroles que aullaban como sirenas en una orilla perdida de vestigios antiguos, de vértigo y sorpresa casi divina. Me miré la espalda, como nunca antes pude divisar tus huellas. Uno a uno besos quemados en la piel recogida. Suave ante tus mareas, peligrosa de rozar con desesperaciones escondidas. visitando los vellos bañados de sombras carbonizadas, suspendidos en el charco de luz acuarelada. Me volví para el costado y abrazaba la misma alma, que extinguía el calor propio en una condena oscura y congelada. Me volví a encontrar en un rincón desconocido, pero tan acostumbrado a llamarme con tus serpientes arpías. Me cubrí de hojas al siguiente día, miré para atrás, solo para asegurarme que en ese momento era verdad que realmente estube viva.

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