viernes, 11 de mayo de 2012

Todo era borroso, rápido y eterno. Entre roces violentos, momentos torpes, tan suaves como tu aliento en mi cara. Se derretían las yemas de mis dedos entre tus poros, absorbí mil matices por cada uno de ellos, se quedaron en mis pulmones y luego contagiaron sus vértigos sobre mis entrañas al mismo tiempo que olvidé el correr de la noche en un minuto de tu mirada. Me sostuve del calor, me enganché a tu pelo. Recogí flores que brotaban de los latidos de tu pecho, besé funerales en tu mejilla. Mantuve los pensamientos, olvidé los sentimientos. Me calan las sensaciones, las formas de no demostrar ningún descontento. Efímero, fascinante. Como un sueño, del que ya desperté y ahora deseo tenerlo de verdad.

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